Yo soy Barbudo. Sí, el diablo del logo.
No, no vendo almas. Vendo cerveza fría en un envase gigante, que honestamente es casi lo mismo si me preguntas a las 2 AM de un viernes.
El origen
A fines de 2018 me aburrí de las cosas normales y decidí meterme en un problema: en Brasil y Argentina el growler ya era pan de cada día, pero en Chile nadie sabía ni cómo se pronunciaba. Lo conocí en Temuco gracias a Lagerhaus y a la cervecería Klein y pensé: "Alguien debería masificar esto en Valdivia." Y ese alguien tuve que ser yo, porque nadie más se ofreció.
La pega sucia
Llegar a Valdivia con esto fue partir casi de cero: armar la marca, los diseños, una historia detrás de cada uno, y salir a convencer a la ciudad de que este formato merecía un lugar en su rutina. Metí las manos al fuego (literalmente) más de una vez para que resultara.
Con los cerveceros costó todavía más. No era que dudaran de la calidad de su propia cerveza, dudaban de que alguien fuera a cambiar la costumbre, y eso es mucho más difícil de vender que cualquier growler. Ahí entré yo, terco como un diablo sabe serlo: porque para eso estamos, para insistir donde otros se rinden.
Lo que somos hoy
No hacía falta que ninguna revista nos pusiera una nota para saberlo, nuestros clientes ya se habían dado cuenta, y eso vale más que cualquier prensa.
Porque hoy Barbudo ya no es solo un growler con nombre gracioso. Somos bar y biergarten, con la colección de cervezas más grande del sur de Chile (sí, las conté yo mismo). Somos también restaurant, porque compartir con amigos merece algo más que cerveza sola. Aunque aquí, a diferencia de otras parroquias, no juzgamos.
Una parte de Valdivia
Y así nos convertimos el lugar donde siempre está pasando algo: Hopstock en verano, tomándose la Estación de Trenes; el Festival de Cervezas de Invierno; y entremedio, bingos, bandas en vivo, ferias de vinilos, catas y cualquier otra excusa que se nos ocurra para juntar gente alrededor de una cerveza.
¿Ya despertó tu instinto cervecero?
Del infierno, al cielo de las cervezas
Nada de esto lo hice solo, por mucho que me guste la idea de ser un genio maligno trabajando en solitario. Fue (y seguirá siendo) gracias a nuestro equipo de diablos y diablas, a los cerveceros/as que no bajan su calidad por miedo a perder sus almas y por sobretodo a la gente que compra, comparte y se aparece por acá. Así que gracias. En serio.
(No se lo digan a nadie, que se me cae la imagen).
¡Salud!